De San Isidro y San Fernando a Punta del Este con el encanto del BOTE VOLADOR

 

21/3/2024. AQUELLOS FUERON LOS DÍAS! En una nota previa acerca de los inicios de la aviación en zona Norte, se dio cuenta que precisamente en donde hoy se emplaza el Hipódromo sanisidrense, operó una de las primeras líneas aéreas del país. En San Fernando y el Palomar también se montaron hangares y cobertizos y se armaron hidroaviones que cumplían vuelos a Montevideo y Punta del Este. Descubrí acá la fantástica historia de los botes voladores emparentada al inicio de la aviación comercial que tuvo por epicentro a la zona Norte.

Los hidroaviones, por años fueron la maravilla que asombró al mundo. Es que si bien se podía cumplir con el sueño de volar como los pájaros, despegando de los incipientes aeródromos locales, también daban la posibilidad de amerizar en los grandes espejos de agua del puerto esteño, el de Buenos Aires o el de Montevideo.

Este es el segundo artículo referido a la aviación en el río de la Plata y en la región Norte ( ver “Recuerdos de Nuestro Ayer. De las Carretas al primer Aeródromo y… UN SAN ISIDRO DE ALTO VUELO” http://contintanorte.com.ar/2024/03/04/cosas-de-nuestro-ayer-de-las-carretas-al-primer-aerodromo-y-una-san-isidro-de-alto-vuelo/ )

Lo cierto es que el escritor Cesáreo Berisso cuenta que los botes voladores –tal como suele designarse a los hidroaviones-, cuya parte de flotación maniobra en el agua es el mismo casco, junto a los hidroaviones de flotadores tuvieron una época de gloria en el período inmediatamente anterior al de la Segunda Guerra Mundial.

“La insuficiencia en las colonias de aeródromos de tamaño adecuado, llevaba a utilizar los cursos de agua para poder operar”, describe Berisso en un artículo de su autoría.

Los botes voladores eran capaces de volar grandes distancias, o llevar grandes cargas en distancias cortas. El costo de las instalaciones para estos era menor, eran inherentemente más seguros en el caso de una falla de los motores sobre el océano, y a esto hay que sumar el aumento de la durabilidad de los cascos en el agua, debido a la popularización de la construcción mecánica.

Todo esto llevó a que los botes voladores alcanzaran su mayor popularidad en una época en que los aviones de despegue terrestre no tenían una relación alcance/rentabilidad comparable.

En 1921 se podía volar desde Buenos Aires a Punta del Este en hidroavión pero la proeza duró poco.

 

LOS HIDROAVIONES ARMADOS EN EL PALOMAR Y SAN FERNANDO

 

El Barón Antonio Demarchi (muy italiano él) había llegado a la Argentina a fines del siglo XIX y, en 1901, desposó a una de las hijas del General Julio Argentino Roca, que entonces cumplía su segundo mandato como presidente de la Nación.

El 13 de Marzo de 1919, Demarchi regresaba de Italia en el vapor “Tomasso di Savoia” acompañando en su retorno, a un importante contingente de reservistas y a una “misión aeronáutica” italiana conformada por dos escuadrillas de aviones “para armar”.

Una terrestre de 32 aparatos que se instaló en El Palomar (Ar) y otra en San Fernando donde montó sus hangares y talleres (“Las Barracas y Cobertizos de Baresse”) con siete aviones M5, M7, M9 y un Horner-3. Las barracass y cobertizos (Baresse) traídos por los aviones italianos fueron base de los 7 hidroaviones Horner-3, y de los Macchi M-5 y M-7.

 

Nueve meses permaneció la “misión” en la Argentina. A su partida, fue suplida por una francesa al mando del argentino Vicente Almandos Almonacid (El Condor Riojano).

El gobierno italiano decidió donar al Ejército y a la Marina todo el equipo y los materiales que había traído la misión.

La francesa no pudo ser menos y también donó a su partida los 20 aparatos, cuatro de ellos hidroaviones. Todo fabricación francesa por supuesto y dejó como resultado una “Compañía Franco Argentina de Aviación”.

En Diciembre de 1921, nacía la “Compañía Rioplatense de Aviación”, de la fusión de “The River Plate Aviation Company” y de la “Compañía Franco Argentina de Aviación”, en los primeros meses de 1924, iniciaba sus operaciones con dos botes voladores Vickers Viking IV, cumpliendo un sertvicio regular a Montevideo (Muelle Maciel) con extensión a Punta del Este de lunes a sábado desde Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires.

El servicio fue suspendido pocos meses después por no contar la empresa con el apoyo económico necesario por parte del Estado.

La pista de San Isidro sirvió en esos años fundacionales como base para la aeronáutica comercial argentina, que a partir de ahí siguió desarrollándose.

Es posible que la operatividad desde Dársena Norte de la Compañía Rioplatense de Aviación haya acelerado el cierre del aeródoromo sanisidrense.

De hecho no se tuvieron noticias de actividades aéreas posteriores a 1924, una de las razones fue tal vez que toda la actividad se trasladó a lo que era en ese momento el flamante Aeródromo de San Fernando.