Hoy, domingo 17, se celebra un día muy especial para ellas. MAMÁ, POR SIEMPRE

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17/10/10. En cada etapa de la vida su amor es lo más importante. Acaso tome una apariencia distinta a lo largo de los años pero siempre es nuestro mejor reaseguro de vida. En toda edad, ella es importante por un motivo u otro. Pero en el fondo es y será esa mujer protectora que siempre está; una figura de refugio, contención y buen amor.

 

 

Por iniciativa del Club de Madres, un 19 de octubre de hace casi sesenta y cinco años se celebró por primera vez el “Día de la Madre”. A partir de entonces se dispondría como fecha definitiva para esta conmemoración el tercer domingo de octubre.

 

Señora, doctora, directora, maestra, concejala, excelencia, mamá ¡De cuántas maneras importantes puede llamarse a una mujer!

 

Pero seguramente de entre todas esas formas hay una palabra que define su única misión intransferible, insustituible, vital que apela -por cierto- al instinto más profundo, a la biología indeclinable, al llamado de la especie.

 

Muchos se preguntan si en realidad es necesario designar un día del año para homenajear a la madre. Y seguramente no son pocos aquellos que consideran que cada día del año pertenece en realidad a mamá. Por la dedicación, el amor, la abnegación y la lucha silenciosa y cotidiana que debe emprender sin tregua en su tarea –enorme y titánica- de educar a sus hijos y llevar adelante su familia.

 

Imperceptiblemente ella tiene la capacidad de mantener y regular la unión y armonía de la familia y es la única capaz de concebir vida.

 

DIÁLOGO DE nueve lunas

 

 

Toda mujer lo sabe o lo intuye. Será necesario convertirse lentamente, duplicarse. Gestar un hijo que debe ser una experiencia tan difícil de explicitar, de  compartir, pues dentro de ella se agolpan un cúmulo de sentimientos, a veces contradictorios, a veces arrolladores.

Siente la omnipotencia y la indefensión, la fortaleza y la fragilidad, la alegría y el miedo, la certeza y la incertidumbre.

 

Muchas veces se vuelca hacia adentro en un diálogo mudo, intravenoso, de palpitaciones y calor afiebrado; hasta que un buen día con zozobra, con temor y con seguridad se vacía el útero y se llenan los brazos. Lo interior afuera, uno que son dos; dos que son tres. El chiquito en el regazo, un triunfo de la naturaleza.

 

Dar a luz, criar y hacer crecer a un hijo. Mamá será para siempre la dadora de amor. Claro está que ese amor cobrará en la vida cotidiana y a través de los años, una apariencia distinta. Una apariencia solamente pues en lo profundo sigue siendo el mismo amor. De la cuna amniótica a la cuna de verdad. Madre e hijo estrechan en un diálogo único que se une en el afecto. Pero también de esa madre se recibe el mundo, porque es ella la principal figura que ayuda a instalar el principio de la realidad. Lo que sí y lo que no.

Mamá de a poquito empieza a poner límites y ayuda a tolerar las ingratas frustraciones que a veces depara la vida.

 

Ciertamente en cada etapa, los hijos reciben el amor de sus madres con una apariencia distinta. En cada edad ella es importante por un motivo u otro. Pero en el fondo siempre porque de por vida será una mujer protectora, una figura de refugio, de reaseguro, contención y buen amor.

 

Aseguran que como Dios no podía estar en todas partes a la vez, por ese motivo, no menor, creó a las madres. Desde luego, dedicarle un solo día al año es verdaderamente muy poco, aunque ese “su”día, permite rodearla muy particularmente de todo un encanto donde la sorpresa del presente, la flor y hasta el beso más fuerte o solamente visitarla puede resultar la mejor recompensa.

 

Sin dudas es a ella donde primero acuden los hijos cuando tienen problemas; es la única que sin preguntar sabe qué les pasa y, aunque se enoje, siempre se puede contar con su apoyo incondicional. Y que, por más errores que se cometan en la vida, ella siempre estará ahí para recibirnos nuevamente. Por eso, se merecen más que una flor, un perfume o un regalo. Se merecen que cada día les demostremos cuanto las queremos y que les digamos qué tan importantes son en nuestras vidas.