Mons. Ojea: “La Cuaresma nos invita a mirar de un modo nuevo a nuestro hermano”

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18/3/2017. El Obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, reflexionó sobre el tiempo cuaresmal: “La Cuaresma es esa invitación a mirar a mi hermano y a mirar también con él, tocar mi propia pobreza, salir y convertirme de corazón”, afirmó.

Monseñor Oscar Ojea dio a conocer su reflexión sobre la Cuaresma, y describió este tiempo litúrgico como “esa invitación a mirar a mi hermano y a mirar también con él, tocar mi propia pobreza, salir y convertirme de corazón”.

“En la Cuaresma nos detenemos frente a la palabra de Dios”, explicó el pastor, y recordó al profeta Isaías: “El ayuno que yo quiero es esto: partir tu pan con el hambriento, dar hospedaje a los que no tienen techo, vestir al desnudo, no despreciar la carne de los hermanos, entonces, brillará tu luz como la aurora y tu carne brotará sana”.

“La Cuaresma nos invita a mirar de un modo nuevo a nuestro hermano”, señaló el prelado, y recordó el mensaje que el Papa envió para este tiempo, basado en la parábola del rico y el pobre Lázaro: “Tu hermano no es invisible, no podemos hacerlo invisible, tu hermano es un don”. Al respecto, monseñor Ojea agregó que “si mi hermano no tiene dignidad yo tampoco puedo ser feliz, yo me pierdo el don de mi hermano, y si me pierdo el don de mi hermano dejo de ser yo mismo”.

“La Cuaresma es esa invitación a mirar a mi hermano y a mirar también con él, tocar mi propia pobreza, salir y convertirme de corazón”, sostuvo el Obispo, e indicó que nos invita a limpiar nuestros pecados “para poder mirar con claridad las necesidades del prójimo. Este es el ayuno que yo quiero, poder mirar a los ojos el rostro de los hermanos que sufren y poder servirlos de corazón, ver a Cristo en ellos”.

“También la Cuaresma nos invita a mirar la palabra de Dios”, añadió monseñor Ojea: “Estamos a tiempo para poder detenernos frente a la palabra de Dios, para poder confrontarla con nuestra vida”.

El Obispo de San Isidro concluyó su mensaje pidiendo al Señor “que la Cuaresma sea este tiempo fecundo de reencuentro; reencuentro hondo conmigo mismo, con mi hermano, con esta realidad del mundo concreto en el que vivo y sobre todo, reencuentro con la misericordia de Dios a través de su palabra”