Misa por las Víctimas del ABUSO SEXUAL Y EL MALTRATO INFANTIL. Mons. Ojea renovó el pedido de perdón de la Diócesis

 

11/3/2017. Como anunciamos, ayer viernes 10 por la tarde en la Catedral, monseñor Oscar Ojea, presidió la misa por las víctimas del abuso sexual y el maltrato infantil. La celebración estuvo pedida por Rufino Varela quien, desde su historia personal y en solidaridad con otras víctimas del abuso y del maltrato infantil, buscó afianzar el compromiso y unirse espiritualmente a quienes sufren este flagelo. Durante la homilia el pastor diocesano instó a “vencer esas redes de silencio familiares e institucionales, redes que se han tendido para oprimir y obligar al secreto”, renovó el pedido de perdón “a todas aquellas personas que han sido víctimas de abusos siendo niños o jóvenes, por miembros de nuestra jerarquía”, y repudió a quienes pretenden ensuciar al Papa Francisco al hacerlo aparecer como “protegiendo a los abusadores”.

Como paso previo a la celebración de la misa, la organización Cruzada Francisca, creada por Varela –y que lleva este nombre como homenaje a una persona muy especial para Rufino, que se animó a hablar del abuso sufrido-, se dio cita en la plaza Mitre de San Isidro,  para marcar su punto de inicio como grupo que: “Viene a cubrir un vacío, viene a dar un lugar discreto y de escucha a quienes después de años y años logran romper el silencio y aliviar el dolor que este silencio provoca”, manifiestan al referirse a su firme actitud frente al drama del abuso sexual y el maltrato infantil.

Consultado, Rufino respondió que: “El abuso está. Tenemos que luchar. No tenemos que tener miedo a hablar”.

En su homilía monseñor Ojea, manifestó que: “Cuando el débil puede salir de esa red de silencio al que lo obliga el poderoso; ese secreto pactado para comprimir a la criatura cuando puede hablar, cuando puede expresarse, cuando puede decir qué ha pasado, decírselo a sí mismo y decirlo a los demás, comienza la verdadera sanación”.

El Obispo estuvo acompañado por monseñor Martín Fassi, Obispo auxiliar; el Pbro. Guillermo Caride, vicario general, el Pbro. Máximo Jurcinovic, vocero del Obispado de San Isidro y por el padre Carlos Saracini, superior provincial de los Pasionistas y por otros sacerdotes cercanos a Rufino Varela.

 

Salir de las redes de silencio

“Cuando el débil puede salir de esa red de silencio al que lo obliga el poderoso; ese secreto pactado para comprimir a la criatura cuando puede hablar, cuando puede expresarse, cuando puede decir qué ha pasado, decírselo a sí mismo y decirlo a los demás, comienza la verdadera sanación”, aseguró el Obispo.

El prelado afirmó que “esta misa penitencial es por todas aquellas personas que han sido señales de Dios en el camino de las víctimas, y que han permitido que se pudiera hablar, que han escuchado, que han abierto el corazón, que se han puesto al lado de estos hermanos que han sufrido tanto y que sufren tanto”.

El abuso es un tremendo problema social, viene de la violencia, de la violencia recibida por aquel que abusa, que seguramente ha quedado anidada en el corazón y que después se derrama implacablemente sobre aquel que sufre el abuso”, advirtió, y agregó: “La violencia, uno de los males más tremendos del mundo en que nosotros vivimos, uno de los cánceres del mundo en que vivimos”.

“Hay que poder vencer esas redes de silencio familiares e institucionales, redes que se han tendido para oprimir y obligar al secreto”, pidió.

El pastor recordó que “la Iglesia ha pedido perdón” y renovó ese pedido de perdón: “Aquí, en mi Diócesis, a todas aquellas personas que han sido víctimas de abusos siendo niños o jóvenes, por miembros de nuestra jerarquía, pedimos perdón a estos hermanos y a estos hijos nuestros”.

Pero el perdón no solamente como una palabra, sino como un compromiso de acompañar, de estar al lado. En lo que respecta a aquellas denuncias hechas contra estas conductas aberrantes, en miembros de la jerarquía eclesiástica, nosotros tenemos el deber por nuestros protocolos, al realizarse la denuncia, de indicar inmediatamente el camino del derecho a hacer la denuncia en el Tribunal civil, la denuncia penal; y en segundo lugar a iniciar, con el consentimiento de aquel que denuncia, el debido proceso canónico inmediatamente”, añadió.

Monseñor Ojea destacó que “éste es el compromiso que hemos tomado en estos últimos tiempos, a partir del Papa Benedicto particularmente y a partir del papa Francisco”, y lamentó comentarios en la prensa en los que se quiere hacer aparecer al Santo Padre como “protegiendo a los abusadores”.

“El Papa que tiene que luchar con muchas cosas, ha querido ser clarísimo en este punto; y ya no les hablo mis queridos amigos, mis queridos hermanos, del conocimiento personal que yo puedo tener a la persona del Santo Padre – he sido su Obispo auxiliar tres años, y sé perfectamente quien es y como obra y particularmente en este punto-, sino por sus gestos, por sus palabras y por su conducta”, subrayó.

El prelado consideró que “es triste querer ensuciar al Papa, tal vez para entorpecer un liderazgo natural en el mundo, un liderazgo de humanidad, de bien y de seguimiento fresco y literal del Evangelio de Jesús”.

Hacia el final de su mensaje el Obispo expresó que: “La violencia, uno de los males más tremendos del mundo en que nosotros vivimos, uno de los cánceres del mundo en que vivimos. Hay que poder vencer esas redes de silencio familiares e institucionales, redes que se han tendido para oprimir y obligar al secreto. El hablar, el expresarse, es también un clamor de justicia. Una justicia exigida en reparación de aquel que ha sufrido una violación semejante; una justicia exigida por la misma naturaleza”.

“Queridos hermanos en esta Eucaristía nosotros ponemos delante de Jesús a tantos hermanos que han sufrido, le pedimos al Señor poder servir a la Justicia y a la verdad. Y le pedimos también tener un mundo en el que nos cuidemos mejor, en que podamos apreciar lo que significa la intimidad del propio cuerpo, la sacralidad de la dignidad de la persona humana, por la cual tenemos que luchar cada día. Que el Señor Jesús nos ayude a servir y a vivir hondamente su Evangelio de vida”,

Cabe destacar que esta misa afianza el camino propuesto en la Diócesis por Monseñor Ojea, a través del que se busca asumir, pedir perdón y reparar el daño sufrido a las víctimas del abuso sexual y el maltrato infantil, fortaleciendo al mismo el compromiso por promover una cultura del cuidado de los niños y adolescentes.